Adolfo Sánchez Vázquez (1915-2011) Defensor y divulgador del marxismo

Por Manuel Aguilar Mora

La muerte del profesor y pensador Adolfo Sánchez Vázquez el pasado 8 de julio, es un hecho que rebasa con mucho las fronteras del mundo académico. Sánchez Vázquez, sin ceder una pulgada al rigor y la disciplina académica, destacó en México como un defensor y divulgador del marxismo en los más altos niveles del pensamiento filosófico e histórico, con profundas implicaciones políticas. Sobresalió en el ámbito de los intelectuales de nuestro país y su autoridad como filósofo y pensador se expandió más allá hacia América Latina y España.

Juventud combatiente

Nacido en 1915, era un joven de 21 años cuando estalló la revolución y la guerra de España que lo marcó de modo indeleble como a todo el pueblo español. Participó en el trágico conflicto militando en la Juventud Comunista del Partido Comunista de España (PCE). Destacando como uno de los líderes de la misma, muy cercano a Santiago Carrillo quien era ya desde entonces uno de los líderes centrales del PCE. Fue así protagonista de muchas acciones de esta organización cuyo papel en el conflicto se caracterizó por seguir a rajatabla la política que le dictaban sus jefes estalinistas españoles y soviéticos. Como miles, millones de trabajadores, mujeres y jóvenes españoles luchó contra el golpe militar fascista de Franco y sufrió la suerte de la terrible derrota y después del amargo exilio.

Con menos de 25 años, como uno más entre los miles de refugiados españoles, llegó a Veracruz en 1939. México se convirtió desde entonces, según el mismo afirmaba, en su segunda patria y fue aquí donde ya como hombre maduro adquirió la estatura de personalidad relevante que acabó siendo.

Exilio mexicano

Fue un proceso largo de dos décadas el de su transformación que lo llevó de ser un cuadro político inserto por completo en el enrarecido ambiente de los refugiados españoles del PCE, a convertirse en el pensador crítico e innovador de los años sesenta. Un dato irónico pertenece a este momento de su vida: en plena gestación de su visión del marxismo innovador que surgía de la confrontación con los acontecimientos de esos años, Sánchez Vázquez para ganarse el pan de cada día era un prolífico traductor de textos de la Academia Soviética de Ciencias publicados por la editorial Grijalbo.

Dos series de importantes acontecimientos influyeron y cimbraron profundamente su vida y la de muchos de su generación, los cuales fueron decisivos para forjar su rechazo y superación del estalinismo como el horizonte de su concepción ideológica y práctica políticas. Primeramente la desestalinización iniciada por el jefe soviético Nikita Jruschov , proceso que fue acompañado por dos insurrecciones, primero la de los obreros polacos y después la del pueblo de Hungría contra la dictadura de la burocracia soviética, todo esto ocurrido en el conmocionante año de 1956. Y más tarde vino, ante todo, la revolución cubana en 1959 que fue el golpe definitivo que rompió muchos candados que encerraban a la crítica y frenaban a la iniciativa revolucionaria. Fue de tal manera como con más de 40 años de edad Sánchez Vázquez inició lo que podríamos llamar una nueva juventud brillando como un pensador que abandonando y superando estériles dogmas nada marxistas, abrió él mismo, y los abrió para algunos de sus camaradas y después para sus numerosos discípulos, las ventanas de un marxismo abierto y crítico que había sido arrojado a las catacumbas de los pequeños grupos antiestalinistas durante más de tres décadas.

Así, partiendo de ámbitos no directamente políticos como la estética, la ética, la filosofía, Sánchez Vázquez comenzó a pensar, hablar, escribir y educar con las páginas abiertas de las obras e ideas de múltiples autores olvidados e incluso puestos en el índice rojo de las lecturas prohibidas por el estalinismo. Igualmente su interés de ir a la raíz lo llevó a incursionar en los escritos del joven Marx para buscar en ellos las semillas que florecerían en el Marx maduro. En este esfuerzo se encontró con ricos descubrimientos, por completo ignorados por la versión empobrecida de la doctrina emanada de los partidos socialdemócratas y estalinistas: la vinculación de Marx con Hegel, su concepción de la enajenación, sus escritos tempranos sobre el materialismo histórico, su decidido y radical humanismo.

Su labor iba a convergir con la lucha y el impulso de una juventud revolucionaria que en los años 60 renovaría el clima opresivo de la izquierda mexicana dominado hasta entonces por la ramplonería nacionalista del populismo priista y el rancio dogmatismo de las dos corrientes estalinistas dominantes, la de Lombardo Toledano y la del PCM de los años 40 y 50.

Obra educativa

Entonces se abrió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en donde inició su larga carrera docente desde el principio de los años 50, un famoso curso pionero en la academia mexicana donde se estudiaba a Marx. Fue un maestro notable por sus cualidades pedagógicas que hacían de sus clases verdaderas conferencias muy concurridas no sólo por estudiantes de su Facultad sino por oyentes de otras escuelas y facultades de la UNAM. En sus clases a veces los moldes académicos eran desbordados por discusiones sobre tópicos de la actualidad política, en especial lo que afectaban al movimiento universitario. Muchos de los activistas que más tarde destacaron como dirigentes estudiantiles, en especial del ala de Humanidades de la CU, del movimiento estudiantil de 1968 fueron sus discípulos.

Recuerdo muy bien que nuestro entrañable compañero Alfonso Peralta, precursor y fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores, asesinado por el sectarismo de “los enfermos” militaristas de una guerrilla en 1977, tejió primero como discípulo y después como su joven colega del CCH, una amistad con el maestro. Y varios camaradas del PRT asistieron a sus cursos en donde se dedicaban clases a las ideas estéticas de Marx, Engels y Trotsky.

Personalmente en 2003 tuve la ocasión de participar con él en una sesión dedicada a tratar la importancia de Marx y de su doctrina en el siglo XX . La sencillez de su trato era fácil de notar y lo hacía accesible y apreciado al público de estudiantes, colonos y trabajadores que escuchaba nuestras palabras.

En el movimiento estudiantil-popular de 1968 fue uno de los profesores que se mantuvo firme al lado del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Junto con el querido José Revueltas quien se la rifó con los estudiantes como uno más de ellos, Sánchez Vázquez fue también un respetado aliado de los estudiantes rebeldes.

Defensa del socialismo

Los últimos 25 años lo definieron como un hombre inclaudicable, firme defensor del ideal y la práctica socialistas en estos tiempos en que los tsunamis neoliberales inundaron el planeta. Esta posición de entereza en pleno apogeo neoliberal, cuando muchos antiguos comunistas renegaban en racimos, lo fortaleció en su convicción de la necesidad histórica del socialismo. Su crítica al “socialismo realmente existente” en la URSS, en China y en los demás “países socialistas” se hizo más incisiva, entendiendo al mismo tiempo que esa terrible experiencia de burocratización, autoritarismo y traición a los más altos y profundos principios del marxismo, justificaba la necesidad de reivindicar más que nunca la esperanza de que a pesar de todo, el ideal y el proyecto auténticamente socialistas, tenían y debían que triunfar como única forma de superar la decadencia y crisis del capitalismo “realmente existente”. Después de las caídas del muro de Berlín y de la Unión Soviética se convirtió en una voz que con autoridad y conocimiento se escuchó en la gran discusión que hoy nos ocupa a todos los que continuamos buscando y luchando por la nueva perspectiva hacia el surgimiento de la sociedad socialista en el presente siglo XXI.

Su muerte es una pérdida pero queda su obra repartida en decenas de libros sobre estética, ética, política y otros temas cuya aportación será muy útil en la búsqueda de respuestas para las cuestiones candentes de la actualidad. Subyaciendo a su vocación y oficio filosóficos estuvo siempre latente su veta de artista, del poeta que despuntó siendo muy joven. Sin duda fue esta alma de artista, combinada con su situación política peculiar, lo que lo llevó a profundizar en su búsqueda de un marxismo abierto primeramente a las esferas de la estética, de lo cual es testimonio su excelente libro en dos tomos Estética y marxismo (1970). Filosofía de la praxis publicado en 1967 es sin duda su obra más lograda y compendia sus contribuciones filosóficas al pensamiento marxista, libro que influyó mucho en el ambiente intelectual y revolucionario de esos años. Vinieron después muchos textos más de los que destacamos su popular manual sobre Ética (1969) y su pequeña obra maestra Del socialismo científico al socialismo utópico (1975).

Su nombre y su papel como uno de los pioneros en nuestro país del enraizamiento y divulgación de la doctrina marxista, de la verdadera y emancipadora concepción humanista de Marx y sus mejores y revolucionarios sucesores, serán recordados y respetados siempre por nosotros y también, estamos seguros, por los jóvenes que hoy se aprestan a seguir su combate de defensa y difusión del marxismo entre las masas populares.

México, D.F., 15 de julio de 2011