El difícil regreso del PRI

Por Manuel Aguilar Mora

Liga de Unidad Socialista (LUS), México

Pretender que la clase obrera borre sus límites ideológicos y se “identifique” con los gobiernos “progresistas” de la burguesía, equivale a desnaturalizar a la clase obrera misma, haciéndola abandonar sus fines históricos de clase.

José Revueltas

La victoria revolucionaria no es de ningún modo el fruto maduro de la “madurez” del proletariado. La victoria es una tarea estratégica.

León Trotsky

Priismo sin PRI

Al iniciarse el último año del gobierno de Felipe Calderón, el año de las elecciones presidenciales para designar a su sucesor, todo el panorama político oficial nacional gira en torno a ellas. Las señales de la lucha de clases, que a pesar de todo la hay (por ejemplo las grandes movilizaciones de miles de maestros de la CNTE en estos días), están inundadas por la propaganda y el mercadeo crudo electorero sin que se atisben perspectivas de luchas de los trabajadores y sectores oprimidos que puedan transformar dicho panorama dominado por las fuerzas electorales burguesas, con los tres partidos mayoritarios (PRI, PAN y PRD) a la cabeza. Tal situación se da en medio de una de las peores crisis del capitalismo mundial que afecta y afectará con más vigor en el próximo futuro a la sociedad y a la economía nacional. México sigue, después de tres décadas, prácticamente estacado económicamente (con índices de un poco más 3 e incluso del 2 por ciento de crecimiento anual), sin que haya un proyecto alternativo que se vislumbre, por parte de los grupos hegemónicos de las clases dominantes que permita relanzar e independizar a la economía de sus estrechos vínculos con la de Estados Unidos (EUA), con nueve millones de jóvenes sin perspectiva de trabajo y superación, con un desempleo estructural que se profundiza, con una apabullante pobreza que afecta a más de la mayoría de la población, con la creciente desigualdad tradicional que se ha disparado aún más durante la última década (el último informe de la OCDE sobre la desigualdad social de sus países miembros, coloca a México en el penúltimo lugar, sólo antes de Chile, con una brecha que separa 26 veces al ingreso del 10 por ciento de la población más rica del 10 por ciento de la más pobre) y con el progresivo agotamiento de las tradicionales fuentes de recursos de capital (el petróleo, el turismo y las remesas de los trabajadores emigrados).

El posible regreso del PRI como el triunfador de las elecciones de julio es el factor determinante de las interrelaciones de las fuerzas burguesas en presencia. La interpretación del probable pero también difícil triunfo del PRI es fundamental para la explicación de la frustrada “transición democrática” del año 2000. El posible regreso del PRI en realidad no debería considerarse como algo intempestivo, un nuevo e inédito acontecimiento, porque de hecho el PRI nunca se fue del todo. En las presidenciales del 2000 fue derrotado el candidato del PRI pero permaneció el priismo. La fachada de Los Pinos se pintó de azul pero los usos y costumbres tricolores, los métodos priistas siguieron prevaleciendo tras sus paredes. El priismo se mantuvo en las estructuras institucionales, en los trámites oficiales, en las campañas electorales, en la mecánica de las gubernaturas estatales tanto priistas (mayoritarias) pero también panistas y perredistas, en las centrales sindicales, en el clientelismo de las secretarias y oficinas gubernamentales, en la corrupción rampante durante el foxismo y ha llegado a un punto culminante con el actual gobierno panista de Calderón, cuando la represión contra la población, tras el telón de “la lucha contra la delincuencia organizada” del narcotráfico se ha enseñoreado en los campos y ciudades del país, llegando a cuotas mortíferas que hacen palidecer las hazañas de los sexenios priistas más represivos como los de Díaz Ordaz y Echeverría.

La “democracia del dinero”

¿Qué ha sido entonces esta “transición democrática” frustrada tan propagandizada por los medios y jactanciosamente presentada ante el mundo por los funcionarios gubernamentales y sus numerosos corifeos intelectuales? Se trata de la puesta en escena de una operación política montada por las élites con la etiqueta “democrática”, protagonizada estelarmente por el PRI y el PAN, a los que se ha añadido complacientemente, con los privilegios correspondientes el PRD; todos ellos acompañados por su respectiva corte de agrupamientos enanos que se llevan las migajas del suculento banquete multimillonario del aparato estatal electoral del IFE.

Los grupos dominantes desde hace cincuenta años han preservado con esta operación sus intereses, logrando incluso ganancias extraordinarias. Basta simplemente comparar cualquier “transición democrática” habida al sur de México para comprender que hasta en Guatemala los grupos dominantes han realizado “reformas de Estado” más profundas e importantes que las implementadas aquí por los políticos del PAN, el PRI y el PRD. Lo que se ha impuesto en México a partir de 1988 y en especial de 1994, es una “democracia del dinero”, la de los grandes grupos y familias de los poderosos monopolios capitalistas (industriales, comerciales, financieros, de las comunicaciones) y las castas privilegiadas burocráticas de los tres partidos principales. Un tipo de “democracia burguesa” crudo y cínico que ha dejado de nuevo sin auténtica representación a los sectores populares, reemplazando al régimen de partido único de facto de antes del 2000 con un sistema también antidemocrático dominado por los tres partidos burgueses multimillonarios.

Así pues una suerte de priismo sin PRI que se dio durante los once años panistas es lo que explica la situación política que se desarrolló a partir del 2001. Más que un posible regreso del PRI o incluso una vuelta en “U” de la “transición democrática”, como dicen algunos comentaristas sofisticados, estamos ante lo que hemos definido como “el círculo vicioso de un régimen que se niega a morir”. (Véase Unidad Socialista, núm. 48, julio-agosto de 2009).

Como en las elecciones intermedias del 2009, las elecciones a gubernaturas del 2011 han constituido una aplastante derrota del PAN de Calderón y un fracaso también mayor del partido de la “izquierda” sistémica, el PRD, todo ello apuntando a lo que todas las encuestas señalan como un posible triunfo del PRI en las presidenciales. El rechazo del panismo es la evidente expresión del repudio del curso del presidente. El raquítico resultado del PRD, a su vez, es el reflejo de las inconsistencias y divisiones en las filas del perredismo. En síntesis, las aplastantes victorias electorales municipales del PRI en 2011 en los estados de Coahuila, Nayarit e Hidalgo y gubernamentales en los estados de México y Michoacán, son en gran medida la otra cara de las bancarrotas de las falsas alternativas “democráticas” del PAN y el PRD. El priismo, en cierto sentido, nunca se fue porque tanto el PAN como el PRD no rompieron sino se adaptaron y reprodujeron con sus estilos característicos uno más de derecha que el otro, a los usos y costumbres priistas. Era de esperarse que después de onces años de “transición democrática” de ficción al péndulo regresara a su posición: al priismo original. Las palizas electorales del PAN y los tropiezos paralelos del PRD en 2011 fueron los resultados del fracaso de los proyectos falsamente democratizadores de ambos partidos. El posible “regreso del PRI” es el reverso de la medalla de las ilusiones perdidas del PAN y las esperanzas defraudadas del PRD.

El desgaste panista

El fortalecimiento del PRI, como el contendiente con posibilidades de conseguir la victoria en julio próximo, se nutre ante todo de lo que se ha llamado “el factor Calderón”. Más de 50 mil muertos en “la guerra contra la delincuencia”, decenas de miles de soldados en las calles y campos del país aterrorizando a la población; una poderosa policía federal con otros 100 mil efectivos intimidando a la ciudadanía: la barbarie de las múltiples ejecuciones, descabezamientos, colgados, secuestros y demás prácticas violentas que ensangrientan la vida cotidiana, es el lúgubre panorama nacional a la hora del panismo. En los anales del presidencialismo mexicano son pocos los ejemplos de un presidente tan impopular y repudiado como Calderón. Hay que remontarse a 1968 a la figura cruel y odiada de Díaz Ordaz para encontrar un personaje parecido.

El desgaste panista representado por el “factor Calderón” explica las dificultades del partido gobernante en Los Pinos para definir su candidatura presidencial. A pesar del apoyo que Calderón descaradamente otorgó a su ex secretario de Hacienda Ernesto Cordero, la aplastante victoria de Josefina Vázquez Mota, en las elecciones interpartidarias del 5 de febrero, son un índice evidente de que incluso sectores muy amplios del PAN se encuentran descontentos con la política del Presidente. Además hay que tener en cuenta la poca participación de la militancia en la elección de su candidata; ya que sólo votaron cerca de 500 mil, de un padrón que llega a casi dos millones de panistas.

Una situación electoral compleja

Sus victorias electorales en los estados y en las intermedias de los dos años pasados, anuncian la estrategia que seguirá el PRI en julio de 2012. Enrique Peña Nieto, el candidato priista, como gobernador así lo dejo evidenciado en las elecciones a la gubernatura de su estado de México, la entidad federal más populosa. Para conseguir la victoria de Eruviel Ávila, el sucesor de Peña, el PRI recurrió a sus viejas prácticas de acarreo, inducción del voto, gratificaciones y amenazas típicas de sus usos y costumbres de siempre. La aplastante victoria de Ávila fue muy cara, como todo el aparato electoral nacional comenzando por el IFE. El costo del voto mexiquense fue de 700 pesos (60 dólares), más caro que el voto de las elecciones de EUA en 2008.

De este modo el PRI se alzó con la victoria con más de dos millones y medio de votos, el PRD obtuvo cerca de un millón y el PAN apenas rascó el medio millón. El PRI obtuvo casi dos millones de votos más que en 2006 e inversamente el desplome del PRD y el PAN fue colosal: el primero perdió un millón y medio de votos y el PAN un millón 200 mil. Aunque menos apabullantes, los triunfos priistas en los otros estados fueron con altos porcentajes con respecto a sus rivales. La última elección del 2011 en Michoacán confirmó la carrera triunfal priista hacia la meta de Los Pinos. A pesar de que Calderón hizo todo lo posible por conseguir el triunfo de su hermana postulada como la candidata panista a la gubernatura, el PRI le arrancó la entidad al PRD y echó abajo las expectativas presidenciales de ganar en su estado natal.

El resultado de las elecciones del 2011 es aleccionador con respecto a otro aspecto que seguramente distinguirá también muy probablemente a las elecciones del 2012: el abstencionismo electoral. De los 10 millones de electores en el estado de México, casi seis millones no acudieron a las urnas, o sea, el abstencionismo se acercó al 60 por ciento. Este enorme sector popular incluye al contingente de los apáticos e indiferentes pero también a millones de ciudadanos politizados decepcionados del sistema electoral vigente.

Todos los partidos se disponen a reafirmar sus alianzas y garantizar sus votaciones. Al respecto destaca la situación del movimiento organizado de los trabajadores dominado por las poderosas burocracias sindicales, el charrismo.

El charrismo se ha mantenido en su posición privilegiada en todo el trayecto de “la transición democrática”, mostrando así los límites y fracaso final de ésta. El caso de la burocracia del SNTE, el sindicato más grande de América Latina y también uno de los más corruptos, con su líderesa, la conspicua Elba Esther Gordillo y su Partido Alianza Nacional (PANAL), son el ejemplo patente de ello. Aliada con el PAN a partir del 2003, la archioportunista Gordillo volvió a amarrar una alianza con el PRI para finalmente romper de nuevo con Peña Nieto y constituirse como un “radical libre” a disposición del mejor postor, con guiños incluso a López Obrador (AMLO). No es poca cosa el acervo que ofrece al electoralismo de todos los partidos con su ejército de miles de comisionados sindicales magisteriales como factor clave de acarreo e inducción de votos en los comicios electorales de julio.

El giro del obradorismo

La burguesía políticamente tiene en los tres partidos principales a los ejecutantes por igual de su estrategia política. Entre los tres existen matices políticos diferentes pero en las cuestiones centrales se encuentran en un solo bloque en donde predominan los intereses capitalistas fundamentales, incluidos los del imperialismo estadounidense cada vez más presente y actuante. Pero la crisis afecta y afectará decisivamente la situación política. Por el momento, debido a la baja intensidad de la lucha de clases, el acomodamiento entre los tres partidos es más fácil de realizar pues sus pugnas no incluyen choques fuertes vinculados a la necesidad de responder a las exigencias de una lucha de clases exacerbada.

El rasgo más característico de esta situación de concordia de los tres partidos principales es el desplazamiento hacia el centro del PRD y en especial de su candidato, AMLO. La derecha panista descarada y el turbio oportunismo priista no tienen por qué cambiar su rumbo determinado desde hace décadas: son las dos más poderosas agrupaciones políticas burguesas. La situación ha beneficiado en cierto modo al PRD y a su candidato pues han quedado sin rival en el amplio campo electoral que se desplaza del centro hacia la “izquierda”, lo cual AMLO ha aprovechado para estrenar su nueva táctica conciliadora de la “república amorosa”. El desgaste del panismo cada vez más evidente y el desprestigio del priismo abonan todo un territorio electoral del centro a la izquierda monopolizado por el PRD, lo cual da una cierta ventaja a AMLO quien se apresura a convertirse en un representante de un centro moderado, tolerante e incluso, “amoroso” con sectores de lo que antes él llamaba “la mafia en el poder”. Aunque es difícil que esta maniobra le pueda garantizar a AMLO los veinte millones de votos que algunos de sus partidarios jactanciosamente dicen pueden conseguir, ciertamente su candidatura se ha fortalecido en estos días previos al inicio oficial de las campañas. Los diversos grupos del PRD entendieron esta situación y a pesar de sus no pequeñas diferencias pudieron subordinarlas a un acuerdo para encontrar el camino que los conduzca unidos a los comicios de julio próximo con la meta de lograr una gran votación que les conceda una cosecha abundante de diputados y senadores. El gesto de Marcelo Ebrard de apartarse y dejar a AMLO la estafeta de la candidatura presidencial perredista de “izquierda”, así lo señala. Ebrard se mantiene en la banca esperando que llegue su oportunidad en el 2018 y con la posibilidad de convertirse en el secretario de Gobernación en el caso de una victoria, ésta mucho más difícil de lograrse, de AMLO este año.

La estrategia de Calderón y sus aliados

Calderón, arrinconado electoralmente, recurrirá cada vez más a los enormes recursos que dispone como el jefe del ejecutivo federal para hacerlos pesar en la carrera hacia julio de 2012. La candidata panista Vázquez Mota contará con todo el poderío de la política derechista y sin escrúpulos que han sido típicas del sexenio calderonista. Las advertencias presidenciales, en realidad verdaderas amenazas, a la cada vez mayor presencia de imperio del narco en la política, con el fin de deslegitimar a las elecciones; la “guerra sucia” contra los opositores se redoblará. Uno tras otro se han fabricado casos para balconear los compromisos corruptos así como las transas y fraudes de los políticos priistas. No ha sido difícil para Calderón y los panistas encontrar ex gobernadores, diputados y ex diputados y todo tipo de ejemplos de la descomposición priista: la denuncia de los inverosímiles manejos de la deuda pública de Moreira durante su gobierno de Coahuila que lo obligó a renunciar a la presidencia del PRI, la impugnación de tres ex gobernadores de Tamaulipas como colaboradores del narco, la publicación de los impresentable líos domésticos del paradigma de la corrupción mexiquense, el padrino de Peña Nieto, el ex gobernador Arturo Montiel y en la medida que se acerquen los tiempos de la cita electoral estas denuncias y denigraciones se harán más ostensibles. Esta línea podría tener un punto culminante incluso con la posible aprehensión del Chapo Guzmán, para presentarlo como una pieza mayor de su guerra contra la delincuencia. El apoyo del mando del ejército y la armada así como de la alta jerarquía de la iglesia católica, todos estos son otros factores poderosos que serán puestos en la balanza indudablemente por Calderón en la búsqueda de lograr imponer a su sucesora en Los Pinos. La lucha entre los partidos principales será sin piedad y sin escrúpulos.

El rol de Washington es cada vez más previsible como un factor crucial. El triunfo de cualquiera de los candidatos de los tres partidos no le perjudicará en sus intereses esenciales. Por ejemplo, el caso de AMLO es sintomático de la “izquierda” sistémica: no hay en sus abundantes y largos discursos y textos la mínima mención o denuncia del papel nefasto y central que desempeña el imperialismo estadounidense en nuestro país. Pero a pesar de la táctica respetuosa de AMLO y con mayor razón de la dirigencia conciliadora de los Chuchos del PRD con respecto a Washington, es obvio que éste considera al PRI y ante todo al PAN y al actual presidente como sus socios preferidos con cuyos gobiernos ha venido instrumentando una política cada vez más favorable a sus objetivos estratégicos. Desde que la línea antiterrorista de George W. Bush se estrenó con bombo y platillo a raíz de los atentados del 11 de septiembre del 2001, la diplomacia y los objetivos militares imperialistas han incrementado sus posiciones en México.

La alianza en el aspecto militar con los socios del TLCAN, se ha profundizado con los gobiernos panistas: se amplió el objetivo del Plan Puebla Panamá, cuyo objetivo es integrar al sur de México con América Central y Colombia y en el 2008 se ha iniciado un proceso de integración de las fuerzas militares de esta región al Comando Norte del Pentágono. La guerra de Calderón contra la delincuencia se inscribe en los designios de Washington: mayor intervención de las fuerzas policiacas del FBI y de la DEA en el país, intervención admitida por el propio presidente; crecientes recursos armamentistas concedidos o vendidos al ejército y a la armada nacionales, etc.

Por lo demás, la política privatizadora de los recursos naturales y energéticos, del petróleo y la electricidad, ha seguido viento en popa durante el presente sexenio de Calderón, siendo favorecidos ciertamente los grandes monopolios estadounidenses y hasta españoles.

Competencia política y económica

Los acontecimientos que se vienen desarrollando en la escena oficial y sus repercusiones en la opinión pública señalan que se recrudece la competencia económica de los grupos capitalistas principales. Esto determinará también el curso de la lucha política electoral. Desde sus primeras apariciones nacionales como candidato del PRI, Peña Nieto ya no es considerado como el puntero inalcanzable. Sus tropiezos escandalosos desde su lamentable presentación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (cuando no supo decir el título de tres libros que hubiera leído y el único que se atrevió a mencionar, La silla del águila, lo atribuyó a Enrique Krauze y no a Carlos Fuentes, su autor) hasta el arropamiento de conspicuos políticos corruptos como Moreira (a quien finalmente debió pedir su renuncia de la presidencia del PRI) y a ex gobernadores sospechosos de ser cómplices del narco, han puesto en evidencia su carencia de destreza política y la artificialidad de un falso carisma sin contenido real. En síntesis, el representante del añejo e invariable priismo de siempre.

Del lado del PAN, la posible victoria de Josefina Vázquez Mota se dio no sin que salieran a relucir también su pequeñez y la carencia de atributos, características por igual de sus competidores Cordero y Creel. La mediocridad es el común denominador de los líderes gubernamentales.

De esta manera, la candidatura de AMLO logra redimensionarse. Hasta Carlos Fuentes, el escritor con derecho a picaporte en las altas besferas del poder, ha enfatizado como en este desierto de mediocridad que es la política oficial, AMLO podría ser la diferencia, quien, agrega Fuentes, “con la condición de un buen asesoramiento intelectual”, podría ser la mejor alternativa. El astuto líder tabasqueño, acomodándose a la situación y sin ningún escrúpulo sobre sus ideas y pronunciamientos anteriores, ha hecho un giro táctico grotesco en su campaña y así quienes antes eran la imagen misma de la perversidad de la “mafia del poder que nos robó la presidencia” hoy se han convertido en los aliados necesarios de “la unidad nacional” y de la “república amorosa”, la nueva meta estratégica de su política.

El giro de AMLO lo sube en la escala de las encuestas y de un lejano tercer lugar se comienza a colocar en las cercanías del segundo lugar. Todo dependerá de la política que adopte Josefina Vázquez Mora, candidata del PAN. El desastre del panismo y el probable regreso del partido de los corruptos y represores presidentes como Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas y un largo etcétera forjan un nicho al PRD, favorecido por la inercia de la ley del péndulo que apunta a que ya es el turno de un gobierno de “izquierda”.

La situación de los grupos capitalistas más poderosos también apunta hacia días tormentosos de antagonismos y competencia. Como sucede en todos los casos de las crisis capitalistas, en la que atravesamos también la competencia intercapitalista se ha intensificado en forma notable. El enfrentamiento en enero entre el monopolio de América Móvil (Telmex) del hombre más rico de México y del mundo, Carlos Slim, con el duopolio televisivo de Televisa y TV Azteca con motivo de la aprobación de la apertura de otros canales de TV por cable y de más competencia en el campo de la telefonía móvil, es un importante y significativo ejemplo.

La decisión de Calderón de dejar las cosas como están y que sea su posible sucesora quien resuelva esta confrontación intermonopólica, muestra con claridad las presiones que se ejercen sobre el aparato político de parte de los grandes consorcios de la comunicación cuyo rol en las elecciones es decisivo. De esta forma se aprecia como la competencia electoral entre los tres bloques burgueses está determinada con fuerza por los intereses corporativos que buscan la señal del Estado para incrementar sus ganancias. Es una pugna entre capitalistas en la cual el pueblo no tiene ninguna posibilidad de influir en su favor. Y se aprecia también como la lucha de clases también incluye pugnas intercapitalistas.

La militarización y la alternativa popular

Hoy ninguna organización de los trabajadores está en la posibilidad de representar sus objetivos políticos históricos y presentes como una fuerza alternativa independiente y democrática. Son tiempos difíciles para sus luchas y objetivos. El SME, aplastado por la terrible ofensiva calderonista, mantiene en pie una capa desgastada de trabajadores militantes en lucha. Pero la dirección burocrática y oportunista de Martín Esparza ha profundizado la estrategia de derrota y capitulación que ha venido siguiendo desde octubre del 2009 cuando fueron tomadas por la policía las instalaciones de la ex LyFC y desconocido el SME por las autoridades. La organización política que ha puesto en pie, la OPT (Organización Popular de los Trabajadores), no tiene como fundamento la construcción de un polo alternativo auténticamente clasista e independiente sino una organización que continua con la tradicional política seguidista hacia el PRI o el PRD. López Obrador y Esparza han hecho pública recientemente su alianza, no sin antes que el primero reprochará al segundo sus coqueteos y amores con el PRI de Peña Nieto.

El predominio aplastante de la política burguesa en el seno de los trabajadores, rasgo característico de la historia del movimiento proletario mexicano durante todo el siglo XX, se mantendrá en el 2012. La posición de los socialistas revolucionarios por tanto deberá ser la de continuar con los esfuerzos políticos hacia la fundación y la organización de una alternativa independiente de los trabajadores y sus aliados. Durante el ruido y el escándalo de los venales políticos burgueses que se harán más estruendosos en la medida que se acerque el domingo 1° de julio, el gobierno seguirá con su política de represión. Se trata de una política estructural de acoso y aterrorizamiento de la población con el fin de acallar sus protestas ante un descontento que crece como reguero de pólvora y que para las autoridades es prioritario descabezar y neutralizar. Por eso, el reclamo que crecerá con fuerza en los días futuros ante la impunidad y el descaro de la represión militar y policíaca será el espacio privilegiado de la acción y la propaganda de los revolucionarios, pues tal situación mostrará la mentira de la democracia del dinero que representan los comicios que se preparan para julio próximo.

Muchas voces se están levantando contra Calderón y su gobierno. No sólo el abstencionismo tenderá a crecer, también la destrucción de boletas electorales (boletas en blanco, tachadas, etc.) será muy visible en julio. Más de 23 mil firmas se han dirigido a la Corte Penal Internacional de La Haya para denunciar al presidente como un criminal de guerra, un genocida. Es un paso propagandístico que le ha dolido mucho al déspota de Los Pinos. Más importante es la campaña contra la militarización que se ha levantado en todo el país y que tiene como su principal exponente al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza Javier Sicilia. Los asesinatos de dos importantes dirigentes de este movimiento Nepomuceno Moreno en Sonora y Trinidad de la Cruz en Michoacán, los atentados contra conspicuos defensores y defensoras de los derechos humanos, como Norma Andrade en Cd. Juárez, Chihuahua, son sangrientos hechos que prueban que la denuncia y la manifestación pública masiva que estos líderes representaban molestan y dañan al gobierno, al mismo tiempo que necesariamente obligan al mismo movimiento a radicalizarse y a comprender que con las casta política y militar en el poder no sirven los abrazos y los buenos modales, sino la fuerza y la presión de los sectores masivos en manifestaciones callejeras.

La terrible realidad de este sexenio que expresan las cifras de 50 mil ejecuciones que seguramente llegarán a 60 mil el 1° de julio, las 3 mil desapariciones forzadas, los 63 defensores y 75 periodistas asesinados, los 1 mil 226 niños muertos en fuego cruzado y sólo 4.4 por ciento de averiguaciones previas en la PGR son la evidencia incontestable de la gravedad de la situación política que atravesamos y que todas las señales indican que se va a complicar aún más al convergir con las pugnas electorales.

Para la Liga de Unidad Socialista (LUS) se abrirá un espacio de propaganda y agitación para explicar y difundir las posiciones socialistas revolucionarias consistentes en convencer a los trabajadores y a todos sus aliados que este sistema es un sistema corrupto y explotador sin redención posible. Que sólo el pueblo salvará al pueblo luchando por el establecimiento de su propio gobierno, un gobierno de los trabajadores, de los obreros , campesinos e indígenas de México, el cual con un programa de emergencia nacional emprenda la reconstrucción nacional: obras públicas, presupuestos para la educación y la salud a la altura de las grandes necesidades de la población, democratización real de los medios masivos de comunicación, renacionalización de los recursos energéticos, apertura del secreto bancario y nacionalización bajo control de los trabajadores y usuarios de la banca, un aumento general de salarios, ruptura de la dependencia económica con respecto al imperialismo e inicio de una política de solidaridad y unidad con los pueblos de América Latina y el mundo entero que luchan por los mismos objetivos que el pueblo mexicano. Sólo este programa y su apoyo y ejecución por las masas populares de México logrará impulsar a la nación hacia adelante por los caminos de la solidaridad y la esperanza en pos de la victoria de un nuevo México en un mundo nuevo.

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