El mitin de Charlottesville acaba en muerte: Construir la unidad para aplastar el fascismo

Sept. Charlottesville woundedHeather Heyer, presente! Socialist Action condena el asesinato de Heather Heyer, de 32 años, por un terrorista de ultraderecha, que embistió un coche contra una multitud de manifestantes antifascistas durante la manifestación del 12 de agosto contra el mitin “Unite the Right”. Más de 30 manifestantes antirracistas sufrieron heridas durante el transcurso del día.

Heather, que trabajaba como asistente legal en Charlottesville, Virginia, fue a la protesta por su oposición a los matones racistas y fascistas que el decadente sistema capitalista escupe. Su asesino, James Alex Fields Jr., de 20 años, escapó de la escena pero fue detenido poco después. Uno de sus profesores de secundaria en Ohio dijo a ABC News que Fields estaba “obsesionado con los nazis y Adolf Hitler”.

Heather Heyer

¡Heather Heyer presente!

La convocatoria de una marcha de la ultraderecha, la más grande manifestación racista de la última década en la ciudad,  tenía como objetivo reunir a la llamada “derecha alternativa” (“alt-right’), neonazis, simpatizantes del esclavismo y el Ku Klux Klan en una acción para defender la estatua de Robert E. Lee, el general confederado que dirigió el ejército esclavista durante la Guerra de Secesión estadounidense de 1860. El ayuntamiento de Charlottesville había aprobado la retirada de su sitio en el antes llamado Lee Park, ahora renombrado como Parque de la Emancipación.

La noche del 11 de agosto, los fascistas y los supremacistas blancos realizaron una marcha con antorchas por el campus de la Universidad de Virginia con cánticos como: “White lives matter” [‘Las vidas de los blancos importan’, inversión del lema del movimiento por los derechos de la población negra “Black lives matter”], “No nos vais a quitar el sitio”, “Los judíos no nos van a quitar el sitio”, y “Sangre y tierra” (eslogan alemán nazi de los años 1930 exaltando la pureza racial). Los ultraderechistas atacaron a un grupo, menos numeroso, de contramanifestantes antifascistas, utilizando palos y puños americanos, mientras la policía miraba sin hacer nada.

El sábado, 12 de agosto, cuando los fascistas se congregaron para la gran manifestación, los contramanifestantes los doblaban en número. En cuanto los enfrentamientos estallaron, las autoridades declararon el estado de emergencia y la policía ordenó la dispersión de las manifestaciones. Los altercados entre los fascistas y las personas continuaron el resto del día, con al menos 15 antifascistas heridos.

Más tarde, la contramanifestación antifascista recorrió la ciudad bajo el canto de “¿De quiénes son las calles? ¡Son nuestras!” Sin previo aviso, el asesino James Alex Fields condujo su coche contra una columna de manifestantes, asesinado a Heyer e hiriendo al menos a 19 personas. Entre los heridos había miembros de International Socialist Organization (ISO), Democratic Socialists of America (DSA), y la IWW.

El ascenso de Trump ha envalentonado a los fascistas

En el mitin “Unite the Right” de Charlottesville, el dirigente del Ku Klux Klan, negacionista del Holocausto y antiguo líder nazi David Duke afirmó que “están decididos a reconquistar su país” y que “van a cumplir las promesas de Donald Trump, porque eso es por lo que lo votaron”.

En su carrera a la Presidencia, Trump utilizó un discurso reaccionario y populista que apelaba a problemas económicos falsamente percibidos como de origen racial. Durante su ascenso a la Casa Blanca, utilizó como chivos expiatorios a l@s inmigrantes y musulmanes, mientras que reunía los apoyos de grupos abiertamente fascistas como los liderados por David Duke o el fundador de la “alt-right” Richard Spencer, así como del Ku Klux Klan. Era común que simpatizantes de Trump agredieran físicamente a quienes protestaran en los mítines de campaña, donde el candidato incitaba a la violencia.

Aunque Trump no pueda ser caracterizado como fascista, se ha rodeado de portavoces de la “alt-right” como Steve Bannon y Stephen Miller. Su elección como presidente y su discurso han envalentonado a los fascistas. Estos grupos han crecido y se han movilizado desde la elección, habiendo tomado la llegada de Trump al poder como una señal para salir de sus cloacas. El periódico nazi Daily Stormer llegó a escribir que Trump “les estaba devolviendo la libertad”.

Trump se ha mantenido en silencio ante los numerosos crímenes de odio racista y antisemita que han tenido lugar desde que él es presidente. En un disperso y apenas coherente comunicado después de los altercados de Charlottesville, Trump pasó por alto mencionar el asesinato de Heather Heyer. Condenó la violencia “de muchas partes” y rechazó condenar específicamente a los supremacistas blancos y fascistas.

David Duke, aparentemente irritado por la regañina de Trump, tuiteó: “Le recomendaría al presidente que se mirara al espejo y recordase que fueron los americanos blancos quienes te pusieron donde estás, no los radicales de izquierdas”.

Pero otros ultraderechistas interpretaron el comunicado de Trump como una victoria. “¿Trump solo ha denunciado a los antifas?”, tuiteó Richard Spencer . Con regocijo, el periódico Daily Stormer escribió que Trump “se había negado en rotundo a renegar” de los fascistas. “No nos ha atacado. … Cuando le pidieron que hiciera una condena, salió de la habitación. Muy, muy bien”.

El fascismo y cómo combatirlo

El fascismo es un síntoma de la decadencia terminal del capitalismo. Las tácticas de los fascistas fueron descritas por Malik Miah en el número de agosto 1975 de la revista International Socialist Review (“Free Speech and the Fight Against the Ultra-Right”):

“Los fascistas tratan de utilizar la rabia de todos aquellos amenazados por la ruina de la crisis capitalista para ir contra las minorías raciales oprimidas y el movimiento obrero organizado. En este país, las organizaciones fascistas en los 1930 y 1940 arrancaron autoproclamándose los representantes del “hombre humilde” contra los grandes capitalistas y los “rojos”, disparando principalmente contra negros, judíos y sindicalistas. En su libro “Fascismo y gran empresa”, Daniel Guerin señala que el juego del fascismo es denominarse a sí mismo anticapitalista sin atacar el capitalismo”.

La base social del fascismo es la pequeña burguesía (“clase media”). En la lucha por el poder, el fascismo usa eslóganes anticapitalistas, pero quienes los financian y mantienen son la clase dirigente. Utilizan a la pequeña burguesía como lo que Trotsky llamó un “ariete” contra la clase trabajadora. En última instancia, el régimen fascista es el gobierno del capital financiero.

Habiendo enmascarado sus verdaderas intenciones bajo retórica anticapitalista, los nazis rápidamente subordinaron a toda la sociedad alemana a los intereses de la clase capitalista. Es por eso que no podemos confiar en la policía, los tribunales y los políticos capitalistas para protegernos de los escuadrones fascistas. De hecho, encontramos habitualmente alianzas entre miembros de la policía y la ultraderecha.

Las y los comunistas rechazamos la idea de que sean grupos pequeños reunidos en la calle quienes puedan derrotar a los fascistas. Hemos de buscar movilizar al mayor número posible de trabajador@s y oprimid@s contra estos matones. Tenemos que construir un frente único y coaliciones de acciones de masas que incluyan a los sindicatos y las organizaciones de minorías oprimidas nacionales, raciales, mujeres, estudiantes y LGTBI.

Al mismo tiempo, apoyamos el derecho de organizar la autodefensa contra los ataques racistas y fascistas. Tomamos como nuestro el lema de IWW que dice que “si tocan a un@, tocan a tod@s”.